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Músicos y GPS: La ruta más rápida para no perderse

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magina un chofer que no usa GPS. Si conoce bien su ciudad, no tendrá problemas para moverse, como los legendarios taxistas de Londres, que memorizan cada calle y atajo. Pero si se muda a una nueva ciudad, quedará paralizado frente a un mapa desconocido. Podrá aprenderse de memoria algunas rutas, pero el proceso le tomará incontables horas y, si alguna vez regresa a su antigua ciudad, tendrá que reaprender lo que olvidó.

Lo mismo sucede con un músico que no lee partituras. Puede conocer a la perfección el repertorio de su banda y tocar de memoria, pero si entra a una orquesta o se enfrenta a un repertorio distinto, quedará perdido. Aprender cada pieza de oído es posible, pero ineficiente. La información vieja se desvanece con el tiempo y el esfuerzo se multiplica sin necesidad.

 

Las partituras no te limitan, te liberan. No reemplazan tu talento, lo potencian

Herramientas que optimizan, no que limitan

Tanto el GPS como las partituras son herramientas. No te convierten en un robot, no te hacen menos talentoso y no reemplazan tu memoria. Simplemente optimizan tu desempeño, te ahorran tiempo y te ayudan a entender mejor el camino. Un chofer con GPS puede explorar nuevas ciudades con confianza, así como un músico con partituras puede tocar cualquier pieza sin haberla escuchado antes.

Entonces, ¿qué impide que muchos músicos se nieguen a aprender a leer partituras? En la mayoría de los casos, es miedo. Miedo a no entender, a sentirse perdidos en un mundo desconocido, a salir de su zona de confort. Pero la solución a ese miedo es paradójica: hay que empezar a usarlas aunque no sepas cómo.

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¿Es bueno usar partituras?

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